Al fallecer una persona puede dejar uno o varios bienes o derechos determinados a alguien en particular. Estos bienes se apartan de la herencia y no son objeto de reparto entre los herederos.

A estos bienes se les denomina legados y a los beneficiarios legatarios. El legado puede consistir en algo específico o genérico (como por ejemplo la vivienda X), una prestación, el derecho de cobro de una deuda, el perdón de las deudas…

La concesión de un legado sólo puede hacerse por testamento expresándolo expresamente.

Esta concesión en la disposición de legados tiene límites, como no perjudicar en ningún caso la legítima de los herederos forzosos. Si lo perjudica habrá que reducir el importe.

Por otro lado como ocurre en la herencia, también es posible renunciar al legado.

Los herederos están obligados a ceder los legados que el testador haya realizado en su testamento teniendo en cuenta lo citado anteriormente.

También podrían legarse cosas que no se encuentran en el patrimonio del testador. En estos casos, los herederos, con el patrimonio de la herencia, deberán adquirir el bien para el legatario (por ejemplo, “que con la cuenta bancaria nº X se compre un apartamento en X a mi hijo José Antonio”)